Archivo por meses: octubre 2016

Continuidades: del 11-S a la crisis de refugiados

Hace algunos años, en la época en la cual la llamada «Guerra contra el Terror» todavía preocupaba a la opinión pública, se debatió la legitimidad de la tortura. El filósofo John Gray dio en el clavo cuando explicó que aceptar la tortura oficialmente implicaba transformar enteramente nuestros imaginarios y prácticas sociales. En breve, si la tortura era legitimada oficialmente, como pretendían algunos importantes ideólogos neo-conservadores y otros «realistas», debíamos considerar serias transformaciones en nuestras institucionales y prácticas sociales.
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Europa se mira en un campo de refugiados

La «crisis de refugiados» – como se la ha bautizado, ha puesto en jaque el imaginario europeo. Nadie duda (seriamente) de la responsabilidad que tiene la propia Europa (su política exterior) en las circunstancias que han suscitado la tragedia. Nadie duda tampoco que la política migratoria ha resultado un fiasco que puede llegar a convertirse en una tragedia histórica que hunda definitivamente los ideales que alguna vez alimentaron la auto-comprensión de Europa, y con ello el músculo de su Unión.
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Ni una menos

El machismo no se cambia de un día para el otro. Necesitamos toda una vida para dejar de ser machistas.
No se deja de ser machista sólo por fuerza de voluntad. Necesitamos estrategias pedagógicas, necesitamos prácticas, necesitamos instituciones.
No dejo de ser machista por haber puesto un «me gusta» en mi muro.
Yo soy machista, pero estoy convencido que no debería serlo. La pregunta es ¿Qué voy a hacer para dejar de ser machista?
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La Justicia como espectáculo

Esta es una de las entrevistas más interesantes que se han hecho en los últimos tiempos. Y lo es porque pone en cuestión muchas cosas: el entramado comunicacional, la complicidad judicial, la connivencia política, la verdad sobre la verdad misma que se construye a espaldas del ciudadano para «manufacturar» el sentido común que nos domina, el poder como dispositivo burocrático para la creación de la verdad, y muchas otras cosas.
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¿A quién pertenece la ciencia y la tecnología?

La imagen que encabeza este post es el satélite espacial lanzado por la empresa estatal ARSAT.
El actual gobierno argentino, entre muchas otras medidas en desmedro de los esfuerzos realizados en los últimos años en esta materia, pretende reducir la inversión presupuestaria en ciencia y tecnología. 23.000 científicos y estudiantes han firmado hasta el momento un manifiesto y han convocado una movilización al congreso para oponerse al giro político que se pretende.
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Vigilar y castigar: sobre espionajes y otros escraches

Mensaje dirigido a exkirchneristas, pejotistas Pro, radicales neoliberales y socialistas travestidos del «Tiempo nuevo» y otros amigos que se dicen «equidistantes».
Esta semana comenzó a desvelarse públicamente algo que todos sabíamos. El gobierno nacional, a través de la AFI, espía ilegalmente las cuentas privadas de periodistas críticos. Esta es solo la punta del Iceberg de una práctica habitual de la política PRO, cuyo esfuerzo más notorio consiste en perseguir mediática y judicialmente, de manera parcial y partidista, a opositores y críticos.
Con ello se pone de manifiesto:
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Un país horrible

Mientras el Fondo Monetario Internacional (FMI) y otros organismos multilaterales elogian las decisiones de la actual conducción política del país; mientras Míster Obama y sus enviados especiales se deshacen en gestos que buscan legitimar dichas decisiones; mientras la prensa corporativa internacional festeja al unísono las «potenciales» oportunidades de negocios que promueve el nuevo gobierno al reducir salarios, liberalizar la economía, flexibilizar el empleo y asegurar un aparato represivo que eluda las desagradables sorpresas que supone una sociedad descontenta; mientras los capitanes del mundo empresarial y los ejecutivos de las corporaciones multinacionales no dejan de satisfacer la demanda oficialista de dar señales de esperanzas a una población atormentada por el desplome de sus ingresos y la disolución de su horizonte existencial; una parte nada desdeñable (y creciente) de la ciudadanía cree que Argentina se ha convertido en un país «horrible».
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