Archivo por meses: septiembre 2018

¿De qué hablamos cuando hablamos de soberanía?

El efecto más perverso de la política implementada por la coalición Cambiemos es el modo en el cual ha horadado la soberanía popular. Lo ha hecho hasta el punto de llevar a la ciudadanía a una experiencia de alienación que amenaza con volverse crónica. A menos que una coalición opositora ponga freno al proyecto elitista de Cambiemos y el «peronismo perdonable», la soberanía popular de los argentinos está en entredicho.

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Democracia o neoliberalismo

Como señala Wolfgang Streeck, la democracia se caracteriza por ser un tipo de régimen que, “en nombre de los ciudadanos, utiliza la autoridad pública para modificar la distribución de los bienes que resultan de las fuerzas de mercado”. En contraposición a la democracia, los gobiernos plutocráticos que asumen los mandatos y principios neoliberales son aquellos que suprimen las demandas de la sociedad, especialmente aquellas demandas que provienen de los trabajadores sindicalizados y otros actores sociales. El Estado que los gobiernos neoliberales aspiran a construir es un Estado fuerte, pero orientado a torcer la voluntad popular. Como señala Streeck, «el mercado puede volverse inmune a los correctivos democráticos a través de una reeducación neoliberal de los ciudadanos o a través de la eliminación de la democracia». En el primer caso, de lo que se trata es de adoctrinar al público sobre la teoría económica estándar que promueve el gobierno. Un ejército de fundamentalistas del mercado invade los plató de televisión, las radios y otros medios de prensa explicándonos por qué razón la justicia del mercado, en contraposición a la justicia social, es la única justicia posible.

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Argentina fue. Habrá que inventar otra patria

En esta nota quiero decir algo negativo. Escucho muchas veces que los entrevistadores televisivos demandan a sus interlocutores buenas noticias. Especialmente cuando es evidente que las malas noticias se multiplican, como ocurre actualmente en la Argentina. El listado de desaguisados perpetrados por el actual gobierno, y el cúmulo de engaños cotidianos que se despliegan para tapar la “catástrofe” socio-económica y política que vive el país, es aparentemente interminable. En ese contexto, se ha convertido en un latiguillo pedir alguna buena noticia. ¿Qué podemos hacer en estas circunstancias? En esa encrucijada, el entrevistado se ve compelido a dar alguna señal de aliento, alguna expresión esperanzadora. ¿Pero qué pasaría si reconocemos abiertamente que “estamos en el horno”? Eso no significa necesariamente adoptar una posición fatalista. Desde mi perspectiva, lo que nos está ocurriendo (lo que hemos manufacturado cultural y electoralmente) nos condena a un fracaso estrepitoso e irreversible, y aceptar que el país está en bancarrota, atrapado en una jaula financiera que lo convertirá una vez más en un moroso crónico y, por ello, en un paciente terminal conectado a un respirador artificial, un gesto de realismo.
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