Rahola en Buenos Aires. Síntomas de la esquizofrenia catalana

Argentina, otra vez saqueada

Argentina (y América Latina en general) transita una de las épocas más oscuras de su historia de sangre y fuego. A la profunda crisis regional se suma el embate impiadoso de las derechas del subcontinente y la nueva política injerencista de Washington. En Brasil y Argentina el retroceso en términos sociales es notorio. La velocidad del deterioro institucional no tiene precedentes, pese a la propaganda mediática internacional que ha querido acusar a los llamados gobiernos progresistas de la última década de populistas (y, por ende, antidemocráticos).


La catástrofe social en Argentina es profunda. En tres años, el gobierno de Mauricio Macri ha logrado incrementar la pobreza de manera exponencial, ha quebrado el tejido industrial, acelerado los procesos inflacionarios hasta posicionar al país en el podio de aquellos en los que su moneda se ha depreciado más, y re-endeudar al país en 250.000.000.000 de dólares, condicionando el futuro de las generaciones.

Pese a la avalancha de denuncias, la evidente arbitrariedad de algunos jueces y fiscales comprometidos ideológicamente con el proyecto macrista, el apriete desvergonzado de decenas de empresarios condenados a prisión preventiva por no haber querido denunciar hipotéticos «aprietes» del gobierno anterior, y una abierta y frenética actividad del ejecutivo operando sobre la justicia por medio de periodistas, espías y mafiosos, las causas de corrupción contra el kirchnerismo no han prosperado.

Muy diferente es la situación de Macri, sus familiares y funcionarios. Blanqueo de capitales, copamiento de la magistratura, remoción de jueces y fiscales, nombramiento a dedo de los mismos (incluso de un miembro de la Corte Suprema al comienzo de su mandato, hoy sospechado de tráfico de influencias e información confidencial), todo ello acompañado por el desguace de la oficina de corrupción (hoy dirigida por una mujer denunciada por su estrecha relación con el fondo buitre de Paul Singer, y el lobby de la derecha israelí que promueve la figura del fiscal Albert Nisman como un héroe asesinado, pese a la oposición abierta de las víctimas del atentado de la AMIA que lo consideran un fiscal corrupto que entorpeció el esclarecimiento de la causa que tenía bajo su responsabilidad) son algunas de las estrategias que utiliza el gobierno del empresario Macri para blindarse frente a la escandalosa evidencia de su actividad delictiva. Desde la aparición de 50 cuentas off-shore a su nombre en los famosos Panama Papers, y el escándalo de Oberdrecht que afecta a su grupo empresarial, a algunos de sus familiares más directos, e incluso al jefe de la oficina de inteligencia, el presidente no ha dejado de ser sospechado.

Hoy sabemos que Macri ganó las elecciones gracias a la falsa denuncia del asesinato del fiscal Nisman, y otra falsa denuncia de narcotráfico promovida por las corporaciones mediáticas contra el candidato a la gobernación de la provincia de Buenos Aires, quien hoy, después de haber perdido la elección, se pasea sin problemas por las calles del país y los platós de televisión porque la denuncia era, efectivamente, falsa, y, por ello, desestimada, incluso por los propios protagonistas de la trama novelesca, que junto a una diputada de la nación (Elisa Carrió) y un periodista estrella (Jorge Lanata), llevaron a las pantallas los falsos testimonios de tres asesinos brutales para involucrar al político.

 

Las cruzadas de Rahola

 

Pilar Rahola tiene un lugar en este entramado de corrupción política y mediática. En 2015, en el principal programa televisivo de chimentos del país, conducido por una señora que recuerda a a Ana Rosa española (Mirtha Legrand) la periodista catalana atacó de manera impiadosa a la pareja del candidato kirchnerista y apostó su reputación por el gobierno de extrema derecha y neoliberal que hoy conduce el ingeniero Macri. Ninguna de las pruebas de la corrupción económica y la corrupción institucional del macrismo le ha hecho moverse un ápice de su posición en estos años. Rahola es una solapada defensora, a ultranza, de la contrarrevolución conservadora en América Latina. Su archienemigo, el populismo, no tiene límites morales. Apoya el intervencionismo estadounidense y hace lobby abiertamente en el país en defensa de la derecha israelí. Apuesta por la mano dura, y sirve a los intereses de los negacionistas del genocidio, y a los herederos de las riquezas saqueadas a las clases populares.

En su última intervención en la Feria del Libro, haciéndose eco de los periodistas de la derecha liberal en el país, condenó la presentación que hizo la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner de su libro. Aliada a los más conspicuos admiradores del escritor peruano Vargas Llosa, la exERC repite las mismas razones que Vargas Llosa expone en el País, para que sean replicados en su alter ego porteño, el diario La Nación, para coartar la libertad de expresión de su enemiga política en el continente.

En una muestra de arbitrariedad y en un desafío a los supuestos valores que ella dice encarnar en Catalunya, acusó a la Feria de rebajarse por permitir que Cristina Fernández presentara su obra ante un público militante. Unos días antes, algunos simpatizantes de Macri habían llenado otro foro, en el que se presentaba una obra en la que se negaba los campos de exterminio y tortura durante la dictadura militar, publicado por un genocida y presentado por un periodista ultramacrista que defiende a capa y espada la figura de Jorge Rafael Videla. La feria del libro se desmarcó abiertamente de la promoción de ese libro negacionista, pero se felicitó por el éxito editorial del libro de Cristina, aclamando por una multitud dentro y fuera de la feria. Pilar Rahola, encendida y aplaudida por los mismos negacionistas que habían vociferado su indignación por el repudio social a un libro con el cual concuerdan explicita o veladamente, condenó furiosa el libro de Cristina, su odiada populista.

Entre los presentes en el foro en el que habló Cristina Fernández de Kirchner estaban todos los referentes de los movimientos locales de defensa de los derechos humanos, acosados por el gobierno macrista desde el primer día. El premio Nóble de la paz Adolfo Pérez Esquivel ha sido taxativo respecto a la falta de compromiso con los derechos humanos del gobierno de Macri, denunciando las muchas detenciones ilegales que se han sucedido a lo largo de su mandato contra referentes sociales y opositores políticos. De manera semejante se ha pronunciado Estela de Carlotto, la presidente de la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo, quien ha descrito la relación con el gobierno de Macri como antagónica. Son muchos los ministros de Macri que han defendido posturas relativistas frente al genocidio, y algunos que abiertamente militan por el negacionismo.

En Catalunya, Rahola es una figura respetada y hegemónica. Los políticos y los periodistas le temen como a la lepra. Su mala educación es consentida de manera obsecuente, aún cuando sus argumentos, en muchas ocasiones, son pobres y «trumpeanos». Se la considera progresista por un dudoso pasado en Esquerra Republicana, pero sus posiciones son claramente retrogradas, excepto en aquellos temas ambiguos que producen réditos entre su público recalcitrante.

Dos Catalunyas

Rahola es un síntoma de Catalunya. Las próximas elecciones deben decidir muchas cosas. Para empezar, la nueva hoja de ruta respecto a la independencia, pero no menos importante, algo que hemos discutido mucho: ¿qué es Catalunya verdaderamente? Porque va llegando la hora de empezar a dejar de pensar en este país como uno y trino, y ver sus grandezas y flaquezas. Rahola es un personaje que empobrece la grandeza del país, y lo muestra al país como tolerante frente a la intolerancia y a  la prepotencia.
La cobardía tiene muchos rostros, entre ellos la máscara que utilizan los que no quieren ver lo que es evidente por miedo a que se les acuse de «no ser de los nuestros». El periodismo catalán se debe una investigación sobre la actividad de esta señora en América Latina. Las sorpresas serán muchas y jugosas.

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