Archivo del Autor: Juan Manuel Cincunegui

La mala educación


El triunfo de Díaz Ayuso en Madrid estaba cantado. No obstante, unas horas antes de la debacle, un simpatizante de Pablo Iglesias me telefoneó desde Pamplona y, en medio de la conversación, ante mis críticas a la estrategia de Podemos, me espetó: ¿Es qué lo das por perdido? ¿Ya has tirado la toalla? Le expliqué que, si bien es cierto que hasta el cierre de las urnas nada puede darse por descontando, a menos que ocurriera algo extra-ordinario en el escenario (y no parecía que ese fuera el caso horas antes de las elecciones), la suerte estaba echada. 

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Madrid-Buenos Aires: las derechas en pie de guerra

Vivimos una época difícil. La pandemia ha causado un verdadero estrago en la vida psíquica de los ciudadanos, y ha llevado a la convivencia al límite de la tolerancia (ese antídoto efímero – como dice W. Brown – que los liberales inventaron para eludir el compromiso con el genuino reconocimiento del otro). 

En este contexto, más allá de las respuestas histéricas de una parte (importante) de la población que hoy se afirma en toda clase de negacionismos militantes – pese a la extenuante exigencia cognitiva que supone un negacionismo de este tipo ante el tamaño de la evidencia que tenemos por delante – el grueso de la población responde a los graves trastornos emocionales que padece alineándose a la política belicosa en la que cosechan votos los desalmados, quienes no le hacen asco a las irracionalidades y a las mentiras, quienes ejercen sin prevenciones la arbitrariedad y el patoteo. 

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 Introducción

La rebelión de un sector de la sociedad porteña frente a la decisión del gobierno nacional de imponer nuevas restricciones ante el crecimiento exponencial de contagios y muertes durante las últimas semanas, además de la amenaza de colapso sanitario, no ha dejado a nadie indiferente. Especialmente, debido al sesgo político y la utilización partidaria de la oposición más visceral, que ha acabado llevándose por delante a los «moderados», imponiendo una estrategia de sangre y fuego para desgastar al oficialismo, acosado por el descalabro planetario de una vacunación fallida, escasos recursos, y una indisciplina insolidaria de gran parte de la población que, como es nuestra costumbre, vive en ocasiones de espaldas al mundo, aunque empujada por sus vientos y tormentas. 

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CARTOGRAFIAR EL PRESENTE. El «representacionalismo» y el problema de lo real

Introducción

Uno de los principales problemas que enfrentaremos en nuestro futuro inmediato (lo que algunos denominan «la pospandemia») es que algunos de los mapas con los que contábamos puede que se hayan vuelto obsoletos. Por ese motivo, quisiera hablar en este artículo acerca de los «mapas» y los «territorios».  

Comencemos con lo más básico: un mapa solo tiene utilidad para nosotros si sabemos dónde estamos ubicados en un territorio.

Imaginemos que habitamos en una isla en medio del océano. Vivimos felizmente, en armonía con nuestro entorno natural, totalmente ignorantes acerca de lo que está ocurriendo a nuestro alrededor. Ni siquiera sabemos muy bien qué es ese derredor nuestro más allá del dibujo en el horizonte.

Resulta que un buen día, unos extranjeros aparecen en nuestras costas, con espadas, fusiles y cañones, y desbaratan nuestra existencia apacible, matándonos o convirtiéndonos en esclavos. Los imaginarios conquistadores tienen una ventaja enorme sobre nosotros. Son los poseedores de mapas sofisticados que les han permitido llegar hasta nuestra isla, conquistarla y saquearla. 

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La cultura de la mentira

Vivimos en una época en la cual la verdad está acorralada bajo el fuego cruzado de la publicidad (ese monstruo amable), las campañas partidistas que sirven variados intereses de clase, y los hábitos en las relaciones interpersonales que la asimilación de los modelos del mercado capitalista y la política mediatizada imponen a los comportamientos individuales. 

Contrariamente a lo que usualmente se cree, la verdad es poderosa y se manifiesta con contundencia. Lo real se impone siempre con una pasmosa evidencia. Nuestros cuerpos no mienten: nacen, se unen y se separan unos de otros, envejecen, enferman y mueren. La naturaleza es tirana: de las semillas de arroz no nacerán durazno por mucho que insistamos. Nuestra consciencia moral tampoco miente: nuestras comportamientos producen siempre consecuencias análogas para nuestra vida interior. La crueldad no puede esculpir personalidades bondadosas, y el amarrete y codicioso jamás gozará como quien, consciente del carácter efímero y vulnerable de la existencia, se orienta apasionadamente hacia el bien propio y ajeno. 

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Arde Barcelona

La política es asunto de sujetos, o más bien de modos de subjetivación. J. RANCIÈRE

El título es una exageración, evidentemente. Pero el malestar es real y la desorientación palpable.

Las elecciones del 14F dejan un escenario pobre y con las fracturas visibles. Independentistas, antiindependentistas, dialoguistas, rupturistas, ricos, pobres, catalanes de toda la vida, catalanes españolistas, “colonos”. 

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(DES)OBEDIENCIAS. Dialéctica de la libertad, la igualdad y la fraternidad

Introducción 

No podemos hablar de la desobediencia sin hablar de la obediencia. No solo porque lo que distingue a los dos términos es un prefijo de negación en uno de ellos que hace evidente su intrínseca relación, sino porque, por eso mismo, ni la obediencia, ni la desobediencia son nociones absolutas. Obedecer significa, negativamente, desobedecer otras demandas que reclaman autoridad sobre nosotros. De la misma manera, que desobedecer implica rendir nuestra obediencia a otras banderas o principios que pugnan o reclaman igual o superior autoridad sobre nosotros. 

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Locke en el conurbano

Familias

En las últimas semanas, en Argentina, la agenda mediática ha estado ocupada por tres cuestiones que merecen una reflexión sosegada. La primera cuestión está asociada a tres escándalos familiares, con implicaciones delictivas y consecuencias políticas, vinculadas a tres familias paradigmáticas de la oligarquía local, y asociadas respectivamente (1) al negocio de los medios de comunicación; (2) a la llamada «patria» contratista, reconvertida por sus herederos en un floreciente negocio basado, simultáneamente, en la acumulación por desposesión (gracias a los privilegios que supusieron, primero, la conquista de la intendencia de la ciudad de Buenos Aires, y luego la misma Casa Rosada), y el negocio financiero; y (3) al negocio agroexportador, asociado históricamente a la apropiación ilegítima de la tierra, la desposesión concertada, la explotación de la población local hasta el punto del empleo cuasi esclavo de su personal, con connivencias evidentes con el Estado nacional y los Estados provinciales. Me refiero a los escándalos hereditarios de las familias Mitre, Macri y Etchehevere.

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Catalunya pone el freno

Después de varias semanas esperando medidas para frenar lo que era una escalada silenciada por los grandes medios locales, comprometidos, más que con la información, con la tarea de dar ánimos a la ciudadanía en un momento de incertidumbre, el Govern de Catalunya ha optado por la opción drástica, replicando las estrategias de Bruselas y París, que en estas horas viven un estado de sitio. En contraposición, el gobierno de Madrid desafía su suerte, despreciando la amenaza creciente de la que alertan los expertos. 

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Paradojas de la democracia catalana. La escuela pública y el «derecho a decidir»

El contexto 
En este artículo quiero contarles sobre una batalla personal que estoy librando en estos días en Catalunya. Algunos de ustedes la habrán intuido leyendo mis artículos previos. Hoy seré más explícito, porque necesito hacer pública la campaña que iniciaré para defender a mi familia frente al ataque y dejación que estamos sufriendo por parte de la administración pública.

Todo comenzó en febrero-marzo de este año, cuando la pandemia empezaba a asomar los dientes en Europa. La información que estábamos recibiendo era bastante obvia. Era cuestión de días para que el virus llegara a España y las consecuencias serían catastróficas. En Italia, los números crecían de manera exponencial. Mientras tanto, en Catalunya, los medios de comunicación, y los responsables políticos y sanitarios, aseguraban que todo estaban controlado. Lo que estábamos viendo en Asia y en Italia, no ocurriría en el territorio catalán, entre otras cosas, porque teníamos un sistema de salud garantizado, de gran calidad, etc., etc.

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